Llegué al yoga en 2015, tras la muerte repentina de mi padre. En ese momento estudiaba Abogacía en la UBA y trabajaba nueve horas diarias en una oficina. No tenía experiencia en prácticas físicas ni espirituales; mi realidad eran los hombros cerrados, la respiración corta y una insatisfacción profunda con mi carrera.
La práctica constante, iniciada en 2018, me dio una certeza: esto me hace bien. Ese mismo año renuncié a mi trabajo y viajé a India, donde surgió la necesidad de enseñar. Me formé en Hatha Yoga Dinámico con Verónica Bellioli y en Yoga Postural Moderno en Anugraha Estudio. Actualmente, estudio e investigo el Yin Yoga de forma autónoma. Mi formación se complementa con la meditación y la terapia somática, herramientas que me permiten traducir la experiencia en el cuerpo. Leo, escribo y no me canso de hacerme preguntas sobre la experiencia humana. Amo la vida.