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+ 8 clases grabadas por mes.
Te dejo esta invitación para que conozcas mis clases. Ojalá te sumes!
Empecé hace dos años a tomar clases con Flor. O mejor dicho a practicar yoga con su guía. Fue mi primer espacio y en el que me quedé para practicar, descubriendo que ese es el ejercicio mayor y el más complejo. Flor nos guía con suavidad pero tambien con fuego, con dulzura pero tenacidad a encontrar-nos a través del cuerpo. Nos enseña sobre la humildad y las preguntas. Me abrió la posibilidad de encontrar una fuerza propia donde desconocía. Cada fragmento que elige para leernos, me queda resonando como el om que compartimos para cerrar el encuentro. Y con su guía, me quedo observando como eso se hará presente. Gracias Flor
Hace 3 años ya que soy tu alumno y cada clase se siente como al principio. Practicando descubrí lo infinito del cuerpo y como cada respiración puede ser un acto de amor. Si pienso en algo que agradecer, este espacio siempre viene ❤️
Con Flor pude empezar a tomar clases regulares el año pasado, lo primero que hice cuando estuve viviendo cerca de su estudio fue arrancar. Estaba convencida por su forma de comunicar el yoga en sus redes que era el tipo de espacio en el que me iba a encontrar cómoda y así fue. Su guía en la práctica es sincera, real, hay una búsqueda constante que se refleja en sus clases. La práctica se vuelve un camino y muchas veces un desafío, lo cual en lo personal me ayuda a recordar que tengo un cuerpo físico que agradece la ayuda para sostener, y una mente que agradece el descanso de tanto intentar ser. Siendo sincera, agradezco muchísimo haberla conocido y sobre todo en un momento en que necesitaba un espacio de respiro.
Hace casi 4 años que practico yoga con Flor. Ha sido la primera actividad que mas he podido sostener en el tiempo , y debo decir que gran parte lo puedo adjudicar a la propuesta de las clases en rojo yoga. Flor es una maestra que guía con amorosidad. Me ha enseñado a practicar el equilibro, la fuerza , la flexibilidad, y a ver la capacidad de movimiento que puede tener un cuerpo. En estos años he encontrado un espacio no solo para mover el cuerpo, si no que he aprendido a observarme , a practicar la gratitud y tratar a mi cuerpo con mas amabilidad. Sus clases son un mimo al alma. Los textos que comparte y sus palabras al guiar lo hacen también muy especial. Si estas buscando comenzar a hacer yoga ni lo dudes , te vas a encontrar con un espacio hermoso, te vas a reír y a demás tendrás el honor de conocer a la guardiana de la sala , una gatita hermosa Vengan a yogaaa
Para que una voz guíe, hace falta un cuerpo que responda. Para que el cuerpo responda, hay que dar indicaciones claras. Por sí solos, no bastan el cuerpo, ni la voz para que la práctica suceda. La comunión de quien dicta y obedece, hace posible el encuentro. Es la suma de voluntades lo que permite que la mente pregunte y el cuerpo responda. Cada día, antes de clase, pienso en cómo resolver mis dudas fuera del mat. Luego la cámara se enciende, comienzas a hablar. Para descifrar hay que estar dispuesta a escuchar. Yo escucho la propuesta de tu voz a diez mil kilómetros de distancia: el pie patea, la espalda recta, las manos bien abiertas. Mi cuerpo responde. Mi mente se enoja cuando una postura duele en los cuádriceps. Siento los espasmos de los pies cuando sostener significa quedarme tendida en el piso sin hacer nada; sostener la comodidad resultó más difícil que sobrellevar el dolor. Después de tres años en tu compañía, acepté que no hay respuesta absoluta, porque como dices: “no hay un lugar a dónde llegar”, porque la disposición de cuerpo cambia. La única certeza que tengo, es que mientras haya cuerpo que responda y una voz que guíe, me sabré a salvo. No hay nada de qué defenderse cuando puedo ir a mi ritmo, a mi tiempo, sin pretensiones, respetando el límite de mi cuerpo, explorando con curiosidad para reconocerlo en cada postura, en cada práctica.
Mi recorrido para el al yoga es al menos impredecible. Muchos años jugué al rugby, hice crossfit y tras todo eso no sentía que mi cuerpo estuviera más presente, solo distintos tipos de dolores, naturales, claro, por el tipo de esfuerzo. Cuando busqué un cambio, mi esposa me sugirió ir a yoga y por suerte encontré Rojo Yoga. La sorpresa fue increíble. Flor, la profe, te guía con amabilidad, dulzura, humor y comprensión por todo tu viaje, solo abriendo puertas para que explores, te esfuerces y sigas el camino que que vos prefieras, tanto espiritual, filosófica o corporal o la mezcla de todos. Su conocimiento y claridad parecen infinitos. No puedo imaginar haciendo yoga en otro lado. Tampoco querría. Lo recomiendo enfáticamente. Logró que un orangután como yo se pare de cabeza, respire mejor, de a poco los dolores quedaron atrás. Vayan. Empiecen.